¿Alguna vez te has preguntado que o quien es realmente lo que estas viendo? He aquí mi historia para que aprendas a no confiar en nadie: mi nombre es Laura, tengo tan solo 17 años de edad y asistía a una escuela publica en Michoacán. Un día estando demasiado sola, puesto que mi mejor amiga Isis había faltado, me vi en la necesidad de socializar con otras personas.
Después de varios intentos fallidos me acerque a un grupito de alrededor de 4 personas, 3 de las cuales eran mujeres, la otra persona era un tipo, mas o menos de mi edad que había sido transferido hace poco, su nombre era Darío; era bastante guapo, moreno, con ojos café claro, alto y musculoso sin parecer "inflado" por esteroides y con una sonrisa que muestra lo que piensa.
Aunque las tres tipas trataban desesperadamente de llamar su atención supongo que yo lo logre al primer intento, no tarde en enamorarme de él y después de unos dos meses como amigos me pidió que fuera su novia, ja, aún recuerdo como me emocione solo de pensarlo, como no aguante mas tiempo y lo atraje hacia mi para besarlo.
Poco después me invito a su casa para conocer a su mamá y me di cuenta de que a pesar de que no llevaban mas de un año ahí ya conocían a todos los vecinos. La señora era muy amable, siempre sonreía y su aspecto ayudaba mucho con lo que creían de ella; era alta, faca y con el cabello entrecano, siempre llevaba puesto un delantal rosado y zapatos cómodos.
Así transcurrieron varios meses hasta que me invito a pasar la noche en su casa, dado que no era la primera vez que dormíamos juntos acepte de buena manera, claro que llegando ahí todo cambio, y fue de manera tan rápida que no tuve tiempo de gritar: toque, me abrió Darío, entre, mire al rededor, note que las luces se apagaban y que la Mamá ponía velas rojas, volteé para preguntar que ocurría, me inyectaron algo en el hombro, me desmaye y después desperté atada en una cama de piedra, en lo que parecía ser un sótano común , solo que no lo era; estaba decorado con artefactos de tortura del siglo xix, la única luz provenía de velas de cera roja esparcidas por la habitación y en las paredes había textos y dibujos pintados con lo que parecía ser sangre, entre los dibujos se hallaba un pentagrama, una cabra, ángeles y frases como "él reinara" o "la sangre de los corrompidos debe regar la tierra".
-¡¿Qué ocurre?! oh mi Dios ¡¡¡auxilio!!!!
-deja de gritar cielito, nadie te escucha y así solo gastas saliva-
Volví la cabeza (no podía mover nada mas) y vi a Darío cerca de una vela, jugando con el fuego mientras calentaba un pedazo de hierro.
-¿Que ocurre? ¿Por qué estoy atada?¿que harás con eso? ¡¿Donde estoy?!
Darío se acerco a mi y me planto un bofetón que me hizo volver la cara.
-He dicho que te callaras maldita zorra-dijo con una voz bastante calmada- tu principal problema es la desobediencia.
Presa del miedo guarde silencio mientras escudriñaba la habitación en busca de una posible ruta de escape, la única eran unas escaleras al otro lado del sótano.
Se empezaron a oír pasos y segundos después entro en mi campo de visión la mamá de Darío, solo que esta vez no se veía igual, vestía un vestido rojo de escote en corazón, su cabello recogido en un elegante chongo y unos pendientes de lagrima color sangre, así mismo su cara no expresaba la alegría de siempre y en cuanto me vio no pudo mas que hacer una mueca de repulsión. Darío seguía calentando el hierro.
- Hola nuerita- hablo casi en un susurro- espero que estés cómoda porque de verdad necesito que lo estés, de otra forma será difícil marcarte, veras mi pequeño Darío y yo somos elegidos, si, elegidos por Dios para purgar la Tierra de gente como tu; zorritas asquerosas que se venden a la primera jajajaja- señalo a Darío- ves eso que esta calentando Darío, es una marca especial que evitara que entres al Cielo querida, no lo mereces.
Darío se acerco a su madre sosteniendo el trozo de hierro con unas pinzas, se las entrego y beso a su madre con impetú en los labios, a pesar de la situación no pude evitar una mueca de asco.
-Adiós cielito-dijo Darío volteando a verme. Observe sus ojos por un momento, nada, no había rastro de aquel chico del que me había enamorado, solo quedaban los ojos de un demente, un demente segado por el amor a su madre y la convicción de que hacia lo correcto.
Me marcaron por todo el cuerpo, una, dos, tres veces, cada una mas dolorosa que la anterior.
Para mi salvación llego la policía, irrumpió en el sótano y después de minutos de resistencia y confrontación empezaron los balazos, le dieron a Mamá, Darío corrió hacia ella se hinco y empezó a gritar que todos iríamos al infierno. Le dispararon.
Podría decirse que volví a mi vida solo con algunas cicatrices pero hay marcas mentales que ni con maquillaje puedes borrar. El punto es dejar claro que no puedes confiar en nadie; el psicópata pude ser el vagabundo drogadicto de la esquina o el joven que ayuda a las abuelitas a cruzar la calle.
- Laura
escrito por ELE
No hay comentarios.:
Publicar un comentario